20 años de Futuro Robado por tanto contaminante hormonal

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Jovencitos, vuestros espermatozoides son nuestros argumentos

Sin ánimo de socavar la autoconfianza de nuestros jóvenes, resulta que sus espermatozoides menguantes se han convertido en nuestros argumentos. “Más de la mitad de los jóvenes españoles, un 57,8%, presentan un semen de calidad inferior a lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera normal, ya sea por volumen, movilidad o concentración de espermatozoides. Y eso que se han rebajado enormemente los estándares de normalidad, pues mientras que en 1985 se consideraba normal una concentración de 100 millones de espermatozoides, hoy la cifra se ha reducido a 20 millones  (1).

Hay evidencias que relacionan esa merma de calidad reproductiva con la presencia de múltiples sustancias químicas sintéticas en la vida cotidiana; son los contaminantes hormonales, contra los que distintas organizaciones como Ecologistas en Acción llevan años alzando la voz. Buena parte del contnido de esta entrada se basa en los materiales de campaña que han preparado(2).

Habrá quien piense, por cinismo o desencanto, que esa creciente infertilidad y nuestra extinción como especie, es lo mejor que le puede pasar a este planeta que estamos esquilmando. Pero esa huida hacia adelante sería el fin también de multitud de anfibios, reptiles, pájaros, peces y otros mamíferos…

Hay antecedentes: en el área experimental de lagos (ELA) en Ontario (Canadá) se estudiaron durante 7 años los efectos sobre la población de peces, del aumento de estrógenos sintéticos vertidos con las aguas residuales municipales en el lago. La exposición crónica a los contaminantes condujo a la feminización de los peces machos y a la alteración de la ovogénesis de las hembras y llevó a la casi extinción de la especie (3).

¡Quién tuviera una ministra danesa!

Los contaminantes hormonales son sustancias químicas sintéticas capaces de alterar el funcionamiento normal del sistema hormonal de humanos y animales. Lo sabemos hace tiempo, han pasado 20 años desde que Colburn, Dumanoski y Myers publicaran el libro “Nuestro Futuro Robado”, un referente en la denuncia de tantas sustancias químicas sintéticas, habituales en la vida cotidiana, que alteran nuestro funcionamiento hormonal. Más de un millar de estudios han vinculado la exposición a disruptores endocrinos (disruptor es el anglicismo que se está imponiendo, aunque no se puede decir que ayude mucho a la divulgación de la idea entre el público) con graves problemas de salud, que incluyen infertilidad, diabetes, obesidad, cáncer hormono-dependiente y alteraciones neurológicas.

Un estudio de La Alianza para la Salud y el Medio Ambiente (HEAL) cifra el coste económico anual de atención a las enfermedades derivadas de la exposición a estos tóxicos entre 157.000 y 288.000 millones de Euros.

La constatación de la injusticia entre quién paga y quién gana en este negocio, le llevó a la ministra de medio ambiente danesa, Kirsten Brosbøl (socialdemócrata, tampoco ninguna radical) a declarar que no le parecía bien que sus conciudadan@s tuvieran que pagar de sus impuestos los daños causados por los contaminantes hormonales, mientras que la industria causante de los daños, que se lleva los beneficios, no destina fondos a investigar las sustancias químicas de manera adecuada. Las comparaciones son odiosas, pero resulta impensable escuchar de nuestra millonaria ministra García Tejerina ni media palabra que cuestione a la industria, por no hablar de su predecesor Arias Cañete.

¿Dónde quedó el principio de prudencia?

En este tema, como en tantos otros, nos encontramos con fuertes lobbies de la industria química, y muy especialmente de la de los plaguicidas, a punto de lograr que su codicia y sus intereses empresariales salten por encima de criterios de la salud pública. Presionan a la Comisión Europea para que relaje los criterios de las sustancias que tienen que ser identificadas como Contaminantes hormonales.

La propuesta de la Comisión exige que exista “una amplia evidencia de efectos adversos relevantes para la salud humana como consecuencia de un modo de acción endocrino” para que una sustancia sea identificada como contaminante hormonal. Este nivel de demostración, sin precedentes para otras sustancias, implicará que humanos y medio ambiente se vean dañados antes de que se tomen medidas. Es decir ya no bastaría con alegar que el efecto adverso es conocido o supuesto, sino que tiene que haber demostración. La Comisión, extralimitándose en sus funciones, también propone modificar el Reglamento de plaguicidas, introduciendo modificaciones que derivarán en una exposición continuada e incontrolada a estas preocupantes sustancias químicas.

Es triste ver que no solo no avanzamos en la protección de los seres vivos, sino que retrocedemos a marchas forzadas. Por suerte quedan resistentes inasequibles al desaliento: en este país más de 50 organizaciones han lanzado una campaña para pedir al Gobierno que rechace los criterios de definición de contaminantes hormonales de la Comisión. Todas podemos apoyar.

Para saber más

ISTAS. Disruptores endocrinos

Campaña Ecologistas en Acción. Libres de contaminantes hormonales

Referencias

1. López‐Teijón, M., Elbaile, M., & Alvarez, J. G. (2008). Geographical differences in semen quality in a population of young healthy volunteers from the different regions of Spain. Andrologia, 40(5), 318-328)

2. https://libresdecontaminanteshormonales.wordpress.com

3. Kidd, K. A., Blanchfield, P. J., Mills, K. H., Palace, V. P., Evans, R. E., Lazorchak, J. M., & Flick, R. W. (2007). Collapse of a fish population after exposure to a synthetic estrogen. Proceedings of the National Academy of Sciences, 104(21), 8897-8901.

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