#AlimentaciónEsSalud y Soberanía Alimentaria es Derecho

Imagen de la campaña #AlimentacionEsSalud

Madrid Agroecológico nos hemos incorporado al Consejo de Organizaciones Sociales de la Red de Ciudades por la Agroecología y llegamos justo a tiempo para sumarnos a su campaña 16O #AlimentacionEsSalud. El 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación las redes se han llenado de mensajes alertando sobre la fragilidad del sistema alimentario mundial. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué aportamos desde la agroecología y la soberanía alimentaria?

¿A quién reclamar los derechos? ¿Con quién hacer real la soberanía alimentaria?

La situación es grave y no vamos a salir adelante sin esfuerzo colectivo. Junto con otros colectivos seguimos reclamando que el derecho a la Alimentación se haga efectivo, y los gobiernos sean consecuentes con la responsabilidad que tienen de garantizar el derecho a la alimentación a toda la población. Durante el confinamiento las redes de apoyo mutuo se volcaron con comidas y repartos solidarios, pero reclaman que esa responsabilidad no puede recaer en la vecindad.

A la vez, seguimos defendiendo la soberanía alimentaria, como el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. La soberanía alimentaria no se ejerce desde la individualidad, sino desde la decisión colectiva, como pueblo, como comunidad.

En este reto, derecho individual, derecho colectivo y responsabilidad pública aparecen entrelazados e inseparables... y para nosotras, unidos además a la agroecología que sería la vía para garantizarlos a la vez que acomodamos la producción de alimentos a la capacidad ecológica del planeta.

Campaña #Alimentación es salud

La campaña #AlimentacionEsSalud nos recuerda que “según las previsiones de la FAO la pandemia de COVID-19 podría provocar a finales de 2020 un aumento de 130 millones en el número de personas afectadas por el hambre crónica en todo el mundo y según la Organización Mundial de la Salud, 3000 millones de personas o más, una cifra también alarmante, no pueden permitirse una dieta saludable. A su vez, esta maquinaria global nos arroja otras cifras, como que un tercio de los alimentos cultivados se pierden cada año, es decir, 1.300 millones de toneladas de comida, que serían suficientes para alimentar a 2.000 millones de personas en el mundo”.

Las previsiones globales tienen su reflejo en nuestra realidad cotidiana. La #EmergenciaAlimentaria está aquí: en muchos barrios de las grandes ciudades han sido las despensas solidarias que se reparten a lo largo y ancho del territorio las que han sostenido y cuidado a la población más vulnerable, dando lugar a escenas que han llamado la atención de la sociedad como las ‘colas del hambre’ donde se agolpan a diario decenas de miles de personas.

Reconstruir la economía centrándonos en la salud, la sostenibilidad y la equidad social

“Tenemos la urgente necesidad de relocalizar la producción agraria y producir alimentos que puedan ser distribuidos y comercializados en nuestros territorios, alimentos sanos, sostenibles y accesibles para toda la población. Ello reduciría la dependencia y generaría un metabolismo económico más resiliente en un contexto no solo de emergencia por el coronavirus, sino de emergencia ecológica. Para ello planteamos la agroecología como la forma de producir alimentos saludables, que sirva para generar seguridad y soberanía alimentaria en los lugares donde se produce.

La política pública es clave y debe incentivar la agroecología, penalizar formas de producción insostenibles y utilizar las ayudas para promover esa transformación ya que es una paradoja que en estos momentos se fortalezcan las grandes superficies cuando hay todo un comercio de barrio que es más cercano, que es el de las Pymes o el CCC (comercio de circucuitos cortos), que fijan la población al territorio, mantienen empleo y están basados en formas de producción local. 

Desde la campaña #AlimentaciónEsSalud queremos señalar la relación entre salud y buena alimentación, señalar la vulnerabilidad de nuestra sociedad y la falta de acceso a una alimentación sana y sostenible, visibilizar el tejido social que está atendiendo a la población más vulnerable y plantear una alternativa agroecológica que fortalezca nuestras economías locales, potencie la autosuficiencia de los territorios y construya un sistema alimentario donde la alimentación sea un derecho y no una mercancía.

Tenemos la oportunidad de reconstruir la economía centrándonos en la salud, la sostenibilidad y la equidad social”.

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