Frente a los alimentos sin futuro, huertas agroecológicas

Panel de La Madre Vieja. Exposición Qué comemos… quién nos cuida

Alimentos sin futuro. La agricultura que agota y contamina

La agricultura industrial explota el suelo hasta agotarlo, con un modelo productivo petrodependiente y contaminante en toda la cadena de producción, distribución y consumo (deforestación, maquinaria pesada, fitosanitarios, agrotóxicos, ganadería intensiva, residuos orgánicos, alimentos kilométricos, refrigeración, envasado…). Se estima que la industria agroalimentaria industrial es responsable directa o indirectamente de entre el 47% y el 54% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La agricultura industrial se basa en la aplicación de fertilizantes y pesticidas, que exponen a los y las agricultoras y sus familias a un peligroso cóctel de tóxicos que diversos estudios científicos relacionan con daños en la salud humana. Supuestamente cuando llegan a la mesa de los y las consumidoras, los residuos de pesticidas han desaparecido, si se han aplicado “respetando las dosis recomendadas y los periodos de carencia”. Sin embargo, según un estudio de Ecologistas en Acción, el 28 % de las productos analizados tienen residuos de plaguicidas. El porcentaje aumenta hasta el 45 % en frutas y verduras.

Son además, alimentos kilométricos; nos alerta Amigos de la Tierra: con el actual modelo agroalimentario globalizado, importamos más de 25 millones de toneladas de alimentos, que han recorrido unos 4.000 km de media. Rápidamente asociamos esa distancia con el impacto derivado del transporte, pero la importación de alimentos producidos más allá de nuestros territorios lleva asociado un expolio de recursos naturales del que poco se habla, entre ellos uno tan esencial para la vida como el agua. El agua virtual es la cantidad de agua que ha sido necesaria para producir un alimento. Según la FAO el comercio virtual de agua pasó de 450 km3 en 1961 a 1.340 km3 en el 2000, y el 26 por ciento del agua que se usa en la producción de alimentos corresponde al agua virtual. Es decir, cuando nos comemos una lechuga llegada por ejemplo, de Marruecos, nos estamos beneficiando de su suelo y de su agua y les estamos haciendo cargar con los problemas de explotación inadecuada de recursos: intrusión salina, salinización, perdida de estructura del suelo, lavado de nutrientes, contaminación (Pengue 2006).

La respuesta de la agricultura ecológica

Hace décadas que gentes conscientes y concienciadas sobre los problemas ambientales derivados de la agricultura industrial, volvieron la vista hacia los sistemas tradicionales para recuperarlos y trabajar en la agricultura ecológica. Es decir, una agricultura donde la fertilización del suelo no depende de abonos de síntesis fabricados por la industria química, sino que se basa en el aporte de materia orgánica, que además mejora su estructura y su capacidad de retención de agua; que usa la rotación de cultivos, recurriendo a las leguminosas para fijar nitrógeno.  Es una agricultura que utiliza variedades tradicionales adaptadas a las condiciones locales y que ve en la biodiversidad una aliada, para combatir las plagas y para mejorar los resultados de cultivos, adoptando  asociaciones de cultivos mutuamente beneficiosas, aprovechando linderos para setos refugios de biodiversidad y barreras de viento

Hoy, hay explotaciones de agricultura ecológica que parecen caricaturas de esos principios. Ciertamente no usan productos químicos de síntesis y siguen las pautas que las permiten ser certificadas como ecológicas… pero ahí se quedan. Son explotaciones que ocupan hectáreas con monocultivos, con abonos orgánicos que pueden haber recorrido miles de kilómetros, que siguen la lógica del productivismo industrial y se benefician del nicho de mercado del “producto ecológico” para consumidores que se preocupan por su salud.

Hay explotaciones que conservan el espíritu inicial, se apoyan en la biodiversidad y pretenden cuidar no solo el ciclo productivo sino también las condiciones sociales y laborales. De hecho en los últimos tiempos han surgido una miriada de proyectos agroecológicos, que unen a las prácticas ecológicas ambientales una componente de reivindicación campesina para transformar el modelo de producción y consumo desde principios de justicia social. En estos proyectos se centra e VIDEO y la EXPOSICIÓN de la campaña “Qué comemos… quién nos cuida”.

Alternativas a la vuelta de casa

Para conseguir la transición agroecológica que buscamos, necesitamos gentes en el campo produciendo alimentos y gentes en la ciudad consumiéndolos, conectadas, concienciadas y dispuestas a anteponer el bien común y el bienestar al interés puramente económico e individualista. Según el informe del Ministerio de Agricultura, los alimentos ecológicos los compramos sobre todo en hipermercados y supermercados; conociendo las prácticas de las grandes distribuidoras, es fácil imaginarse que no anteponen el bienestar a la ganancia económica. Han conseguido reducir el precio de esos alimentos y hacerlos más accesibles, pero se han quedado los principios de agroecología y justicia social en el camino. Por eso en “nuestro mundillo” preferimos las relaciones más directas y solidarias entre producción y consumo.

Hay otro dato en el informe del Ministerio que parece apuntar cosas que están cambiando, compramos alimentos ecológicos sobre todo en supermercados, cierto, pero el canal que más está creciendo es el de la venta directa, en  mercados, venta en finca, grupos de consumo… Sólo esperamos que no sea a costa de las pequeñas tiendas, a las que también necesitamos, esperemos que estos canales directos vayan arañando “cuota de mercado” a los grandes, y no contribuyan a aniquilar a las pequeñas tiendas, las que ayudan a mantener los barrios vivos.

Alimentando esos circuitos cortos, en venta directa o en pequeñas tiendas, están los proyectos agroecológicos que se reparten por toda la Comunidad de Madrid. En la exposición y el video contamos la huerta La Madre Vieja y Huerta Clarita, pero hay muchos mas. Son muy variados, los hay impulsados por gentes universitarias, que como Pablo, Almu, Nieves, Bárbara o León, quedaron espantados por lo que se enseña en las escuelas de Ingniería Agrícola o Agrónoma y decidieron marcarse su propio camino, desde la agroecología. Los hay también que, como Clara o Luis, son depositarios de generaciones campesinas apegadas a la tierra, que mamaron la agroecología antes de que vinieran los técnicos a ponerle nombre.

Muchos de estos proyectos comparten las maneras de hacer que nos explican en la Madre Vieja, un proyecto que combina producción y distribución de verduras y hortalizas de temporada, con unos 300 árboles frutales de distintas especies y variedades, de los cuales solo están de momento en producción unos 20, teniendo que esperar dos o tres años para que empiecen a dar algo de fruta los árboles plantados en 2016 y 2017, y unas pocas gallinas en un recinto al aire libre. Efectivamente, no hay agroecología sin biodiversidad.

Estos proyectos combinan además las labores agrarias con otras actividades, como nos cuenta Pablo “organizamos visitas y jornadas de puertas abiertas para nuestros consumidores y todas aquellas personas interesadas en conocer nuestro trabajo; colaboramos con la comunidad de madrid y alguna asociación de integración social en la formación de los alumnos de los cursos del paro mediante prácticas en la huerta; realizamos visitas explicativas a alumnos de distintas universidades así como acudimos también a la universidad a hablar de agroecología y de nuestro proyecto cuando se nos ha invitado a ello; colaboramos en lo posible con distintas redes y colectivos tanto en el ámbito local como regional, en menor medida estatal…”

Desde Madrid Agroecológico y los colectivos que lo conformamos, seguiremos trabajando para apoyar estos proyectos, nos gustaría verlos multiplicarse, surgir otros nuevos, trabajando en red, bien enredados.

Referencias
Pengue, W.A., 2006. Agua virtual, agronegocio sojero y cuestiones económico ambientales futuras. <i>Fronteras</i>, <i>5</i>(5), pp.14-25.

Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 2014. Evolución de la caracterización y tipología del perfil sociodemográfico del consumidor de alimentos ecológicos en España.

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