Las coliflores se cultivan en el campo, pero necesitan un techo para cobijarlas hasta que vayamos a recogerlas o a comprarlas. La especulación y la escalada de precios nos expulsa no solo de las viviendas, sino también de los locales y espacios que necesitamos para el comercio de proximidad y los grupos de consumo. Un ejemplo paradigmático lo encontramos en Ecosol cooperativa veterana de la ciudad de Madrid, enclavada en Tetuán y miembro de MAE. Vive bajo amenaza de desalojo, porque Elix, un fondo buitre, ha comprado el inmueble.
Inseguridad alimentaria y vivienda.
Hace 5 años, el Informe del OGDA «Hambre e inseguridad alimentaria en la Comunidad de Madrid» cifraba en un 14% la población de la Comunidad de Madrid con inseguridad alimentaria (casi 1 millón de personas). El informe ponía negro sobre blanco que «la inseguridad habitacional es uno de los factores más estrechamente relacionados con la inseguridad alimentaria. Según la Encuesta de FOESSA (2018) casi el 40% de los madrileños que viven en condiciones de precariedad en relación con su vivienda sufren inseguridad alimentaria severa».
Ahora la crisis de la vivienda ha saltado a las portadas de los medios tras ser, durante muchos años, unos de los principales problemas para la mayor parte de la población. Esta vez es una crisis que convierte la vivienda en un objeto inaccesible por su elevado precio.
La elevación de los precios vivienda ha tenido un efecto de expulsión de población hacia áreas periféricas, y aumenta la dificultad para sostener proyectos de vida. Ya no hablamos de hipotecarse y adquirir una vivienda, solo pagar un alquiler merma nuestra capacidad económica y limita los recursos para ni siquiera pensar en comprar alimentos nutritivos y pagando un precio justo a quienes los producen.
Por eso, y aunque pueda parecer que las «luchas» por la vivienda y alimentación están separadas, en MAE las vemos absolutamente entrelazadas. Nuestro afán por generar alternativas justas y agroecológicas con relaciones directas entre producción y consumo, pasa también por generar alternativas que abarcan otras facetas vitales, incluida la vivienda.

Imagen: Somos Tetuán
Agroecología no elitista y jerarquía de valores
La agroecología se construye desde el derecho a la alimentación y no desde el puro negocio. A pesar de ello, en ocasiones, la alimentación ecológica parece elitista, y convendría que cuestionarse por qué. Por qué en tantos hogares no salen las cuentas para llegar al fin de mes, y eso hace que un alimento ecológico parezca un lujo y que se resuelva la alimentación «con lo que sea». La respuesta nos lleva a otra pregunta, ¿Cuánto dedicamos a pagar la vivienda? ¡Demasiado! Podremos de manera general pagar precios justos por alimentos sanos cuando superemos la precariedad y la especulación. Por eso, sin políticas públicas de vivienda y sin reducir la tensión de precios de vivienda, será difícil avanzar en la transición agroecológica.
Desde la agroecologia y la soberanía alimentaria construimos un modelo que cambia la jerarquía de valores. Hacer entrar en la balanza temas como cuidar del suelo, de la naturaleza, de las personas que trabajan en el campo y en la elaboración y procesado de alimentos. De consolidarse, alternativa al sistema que expulsa, de los barrios que se gentrifican, pero sobre todo del sistema productivo, precariedad.
Por todo ello, nos sumamos a la manifestación por la vivienda del 5 de abril del sindicato de inquilinas.
Que la vivienda no nos impida una alimentación sana, suficiente y accesible.